domingo, diciembre 19, 2010

El pescador

Hace varios años, un acaudalado hombre de negocios estaba pasando sus vacaciones en un pueblo costero. Y una mañana, andando a paso acelerado por la playa, advirtió la presencia de un pescador que regresaba plácidamente en su destartalada barca.
- ¿Ha tenido buena pesca? - le preguntó.
El pescador, sonriente, le mostró las tres piezas que había pescado.
- Sí, ha sido una buena pesca - le contestó.
El hombre de negocios, incrédulo, echó un vistazo a su reloj y le espetó:
- Todavía es muy temprano. ¿Cuánto tiempo ha estado pescando?
El pescador le respondió con tranquilidad:
- Sólo un ratito.
Tras una breve pausa, el hombre de negocios le dijo:
- Supongo que volverá a salir ¿no?.
Extrañado, el pescador le preguntó:
- ¿Volver a salir? ¿Para qué?
- Pues porque así tendría más pescado - respondió el hombre de negocios que lo consideraba algo obvio.
- ¿ Y qué haría con él? ¡No lo necesito! Con estas tres piezas tengo suficiente para alimentar a mi familia -afirmó el pescador.
El hombre de negocios soltó una enorme carcaja y le replicó:
- Mejor entonces, porque así usted pondría venderlo.
- ¿Para qué? -preguntó el pescador, desconcertado.
- Para tener más dinero.
- ¿Para qué?
- Para cambiar su vieja barca por una nueva, mucho más grande y bonita.
- ¿Para qué?
- Para poder pescar mayor cantidad de peces en menos horas.
- ¿Para qué?
- Así podría contratar a algunos hombres.
- ¿Para qué?
- Para que pesquen por usted.
- ¿Para qué?
- Para ser rico y poderoso.
El pescador, sin dejar de sonreír, no acababa de entender la mentalidad de aquel hombre de negocios. Sin embargo, volvió a preguntarle:
- ¿Para qué querría yo ser rico y poderoso?
- Esta es la mejor parte - asintió el hombre de negocios-. Así podría pasar más tiempo con su familia y descansar cuando quisiera.
El pescador lo miró con una ancha sonrisa y le dijo:
- Eso es precisamente lo que voy a hacer ahora mismo.