Andanzas metropolitanas: El embustero
Jueves por la tarde. Línea 3. Como cada día, subo en Callao. Paramos en Sol y se sube un hombre con traje de raya diplomática, que aquí, entre nos, todo el mundo dice que es muy elegante pero a mi siempre me ha parecido de mafiosillo. Hay sitio en el vagón pero el hombre se queda de pie, y en la estación de Lavapiés empieza a hablar por el móvil. Es cosa segura que el lumbreras que cedió a la presión de las operadoras para poner la cobertura en el metro no viaja en este transporte nunca. El hombre habla en tono alto con una tal Marta a la que manda “besitos”; en determinado momento su interlocutora le debe preguntar en qué estación está y él sin dudarlo dice “Embajadores” pero ¡no estamos en Embajadores!, estamos ya en Delicias, es decir dos estaciones más allá de Embajadores. Todos los que estamos alrededor del hombre nos quedamos mirándolo y seguramente más de uno piense lo mismo que yo: ¡qué mentira más tonta!, pero ¿por qué? ¿por qué este hombre miente?, ¿por qué quiere ganar ocho minutos? ¿para qué?, ya tengo la excusa perfecta para montarme la película en mi cabeza: ya está, éste para en el bar a echar unas tragaperras, o para tomarse una caña, o para besuquearse con la kioskera… le vuelvo a mirar para encontrar una historia que le encaje y le sorprendo peinándose delante del cristal de la puerta, y se mira y se remira, y anda a la puerta opuesta y se gira para mirarse la espalda y colocarse la chaqueta…pufffffffffff, mentiroso y coqueto, Marta hija mía qué mal gusto tienes. La siguiente estación es Legazpi y me toca apearme (¿saben los niños de ahora que además de bajar existe apear?) pero no puedo negar que la mentirijilla ha despertado mi curiosidad y me gustaría saber por qué el hombre coqueto miente a Marta besitos. Se admiten teorías.
P.D. Como decía Gloria (Fuertes, claro) hemos de procurar no mentir...

3 Comments:
Quizás no hay que ser tan mal pensada. Solo queria tener unos minutos más, para comprarle una rosa roja en la floristeria,antes de llegar a su encuentro. Maite
Je, je, tienes razón Maite, creo que ha calado en mi el "piensa mal y acertarás"; en cualquier caso no estoy muy segura de que echar en las tragaperras, tomarse una cervecita o besuquear a la kioskera esté mal...;-)
Besos.
Despues de las sorpresas y disgustos que nos da la vida, no me extraña. Maite
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